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Nuestro homenaje a Antonio Machado

16, Marzo, 2009 · 2 comentarios

Mis recuerdos son de un patio de Sevilla...

 

Nace Antonio Machado en Sevilla. Muere en Colliure, hace ahora 70 años. Leemos y comentamos poemas en el aula, algunos de Soledades, Galerías y otros poemas; los más de Campos de Castilla, y vemos que la voz de este poeta aún se escucha entre los versos de otros poetas contemporáneos, ¿o no?

ME ASOMO TODAS LAS TARDES…

Me asomo todas las tardes
a este jardín soleado
a escuchar las soledades
que hablan entre sí callando:
Todo es igual y distinto.
¿Crepuscular?, ¿machadiano?
Quién sabe dónde está el hilo
de un laberinto tan largo.
La tarde desaparece
y en el jardín encantado
oigo una distinta fuente
soñar en el mismo caño.

“La vida fácil”  1985 , Andrés Trapiello

Breves poemas de Antonio Machado en:

La voz de Liliana:

La voz de Adrián:

La voz de Chema:

La voz de Juan:

La voz de Sara:

La voz de Trini:

La voz de Andrea:

 

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La dama del alba. Leemos (vemos) teatro.

26, Febrero, 2009 · Dejar un comentario

Ya hemos visto algunas cuestiones sobre La dama del alba: seleccionamos escenas y las comentamos; seleccionamos fragmentos que nos hayan llamado la atención por el tipo de lenguaje (metáforas, comparaciones, expresiones coloquiales, refranes…); también hemos buscado información sobre Alejandro Casona.

Ahora nos toca “ver teatro” (dentro de nuestras posibilidades) y para ello he seleccionado una escena que veremos repartida en dos vídeos. El comentario tendréis que hacerlo de acuerdo a las instrucciones que os he entregado en el aula. (Tened en cuenta siempre qué rasgos caracterizan a esta obra como obra dramática).

 

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Romancero y cancionero anónimo hasta el s. XV

18, Diciembre, 2008 · Dejar un comentario

Romance de la doncella guerrera (Enlace con otros romances)

Pregonadas son las guerras
de Francia con Aragón,
¡Cómo las haré yo, triste,
viejo y cano, pecador!

No reventaras, condesa,
por medio del corazón,
que me diste siete hijas
¡y entre ellas ningún varón!

Allí habló la más chiquita,
en razones la mayor:

- No maldigáis a mi madre,
que a la guerra me iré yo;
me daréis las vuestras armas,
vuestro caballo trotón.

Conoceránte en los pechos
que asoman bajo el jubón.
- Yo los apretaré, padre,
al par de mi corazón.

- Tienes las manos muy blancas,
hija, no son de varón.

- Yo les quitaré los guantes
para que las queme el sol.

- Conoceránte en los ojos,
que otros más lindos no son.

- Yo los revolveré, padre;
como si fuera un traidor.

Al despedirse de todos
se le olvida lo mejor:

- ¿Cómo me he de llamar, padre?

- Don Martín el de Aragón.

- Y para entrar en las cortes,
padre, ¿cómo diré yo?

- Bésoos la mano, buen rey,
las cortes las guarde Dios.

 Dos años anduvo en guerra
y nadie la reconoció,
si no fue el hijo del rey
que en sus ojos se prendó.

- Herido vengo, mi madre,
de amores me muero yo;
los ojos de don Martín
son de mujer, de hombre no.

- Convídalo tú, mi hijo,
a las tiendas a feriar;
si don Martín es mujer
las galas ha de mirar.

Don Martín como discreto
a mirar las armas va:

- ¡Qué rico puñal es éste
para con moros pelear!

- Herido vengo, mi madre,
amores me han de matar;
los ojos de don Martín
roban el alma al mirar.

- Llévalo tú, hijo mío,
a la huerta a solazar;

si don Martín deja la fruta;
una vara va a cortar:

- ¡Oh, qué varita de fresno
para el caballo arrear!

- Hijo, arrójale al regazo
tus anillos al jugar;
si don Martín es varón
las rodillas juntará,
pero si las separare
por mujer se mostrará.

Don Martín muy avisado,
hubiéralas de juntar.

- Herido vengo, mi madre,
amores me han de matar;
los ojos de don Martín
nunca los puedo olvidar.

- Convídalo tú, mi hijo,
en los baños a nadar.
Todos se están desnudando;
don Martín muy triste está:

- Cartas me fueron venidas,
cartas de gran pesar,
que se halla el conde, mi padre,
enfermo para finar.

Licencia le pido al rey
para irle a visitar.

- Don Martín, esta licencia
no te la quiero estorbar.

Ensilla el caballo blanco
de un salto en él va a montar;
por unas vegas arriba
corre como un gavilán:

- ¡Adiós, adiós, el buen rey,
a tu palacio real;
que dos años te sirvió
una doncella leal!

Óyela el hijo del rey
tras ella va a cabalgar.

- ¡Corre, corre, hijo del rey,
que no me habrás de alcanzar
hasta en casa de mi padre
si quieres irme a buscar!

Campanita de mi iglesia,
ya os oigo repicar;
puentecito, puentecito,
del río de mi lugar,
una vez te pasé virgen;
virgen te vuelvo a pasar.

Abra las puertas mi padre,
ábralas de par en par.

Madre, sáqueme la rueca,
que traigo ganas de hilar,
que las armas y el caballo
bien los supe manejar.

Tras ella el hijo del rey
a la puerta fue a llamar.

Actualización hecha el día 19 de enero de 2009.

  • Como estamos leyendo La dama del alba y en ella se mencionan otros romances, os dejo el enlace a algunas versiones de esos romances.

La Delgadina.

Romance del Conde Olinos.

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